Manolo Tano

Así le voy a llamar a partir de ahora, sin saber porque no le llamaba así anantes.
Ayer, auando alkilé la joya de la que hablo justo debajo, el Tano estaba en el videoclub (uno tocho de esos que venden mucho de 2ª mano guay y no tan guay) comprando pelis (de las que no están guays, ahora os digo un par de títulos) y, mientras iba peli por peli, tarareaba alguna cancioncilla (pasión gitana y sangre española y el mundo en una caracola) y me puse rojo de verguencilla ajena.
El pavo da asco, pero asco de verdad, llevaba el pelo más grasiento que he visto en mi vida y una pinta de darle al caballo que ni Culi.
Iba por la s, pero ya llevaba en la mano "grandes clásicos del cine" como "Rapto sangriento" o "Justicia para Jones", las dos de las que regalaba la revista "Tiempo" y a unos precios de 1´95 euros la unidad.
Vamos, además de una de las voces más personales del panorama español, todo un cinéfilo.
No lo grabé con el teléfono por miedo a que tirase de navaja y me diese un par de puñaladas.

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