sábado, agosto 05, 2006

GRANDES MATOS, BRONCEADOS Y, COMO DIRÍA CULI, CÓZTELES





Hola zagales!!!
Voy a acompañar esta hermosura postalera con un poco del diario veraniego de Kiko.
Si me da la gana, pondré más.
Espero que os haga sentir el verano.
(y el matu)


Llegamos antes de lo previsto, supongo que porque salimos antes de lo previsto, paramos menos de lo previsto y corrimos un poco más de lo previsto. El sofocante calor africano fue el absoluto protagonista, aunque viajamos seis horas (yo, ellos llevaban ya cinco más) con el aire acondicionado a más no poder.
Once horas a saco con el aire acondicionado; llega un momento en el que el cd del coche ya no te expulsa el disco que lleva en su interior, que putadón.
La primera conversación con Ándres, el casero, me puso de malos cojones, me pareció un gañán y un vacilón.
Mi concepto no ha cambiado desde entonces.
Al llegar al piso-adosado-bungaló (eran seis en dos grupos de tres, con un montón de piedras entre los bloques) observé un par de pequeños inconvenientes: la distancia al pueblo (por no hablar de la distancia a la playa) y mis problemas con la deshidratación al estar situado el piso-adosado-bungaló en medio de la (casi) nada.
Pero realmente ninguno de los dos fue un problema salvo la madrugada que decidí volver a casa andando a través de los maizales donde rodaron Jeepers Creepers y de caminos de tierra, y más que la distancia el problema fue el terror que me no me abandonó ni por un solo instante durante el trayecto. Mi única luz era la del flash de la cámara de mi teléfono (uau!!!)
El segundo problema, el de la deshidratación, ya está solucionado: el año que viene habrá una piscina.
Y seis jarrones.
Seis.
Uno por cada casa, supongo.
Y es que aquello era una especie de fuerte, de rancho. Era nuestro Álamo. Era Fort Ándres.
La casa, después de todo, no estaba tan mal y encajaba perfectamente con la descripción de Ándres: Rústico.
Él si que era rústico. Una especie de Pepón Nieto de Conil que ama las camisetas de tirantes y lleva tanga bajo el pantalón de deporte.
Mientras él nos explicaba (mis compañeros eran Doc Oc, Rojo Ross Papadopoulos y Warren Vit) las condiciones y nos orientaba sobre cómo y cúando ir a determinadas zonas de restaurantes, playas y copas tuve tiempo de catalogarle como le correspondía: Montonero.
Su riñonera (mariconera suena casi peor), sus profundas y continuas ingestas de aire a través de sus orificios nasales, su zafiedad y su camiseta, que dejaba leer entre lineas algo así como “Opá! A mi me gusta de fumar porros de veinte centímetros” no me puso muy difícil la catalogación.
Sin contar el ensordecedor guiño a cámara lenta que nos dedicó (cuatro guiños, por lo tanto) en el momento en que decía “si necesitais lo que sea… LO QUE SEA… LOQUESEAAAAA… KLÍN!!!!!! (Guiño), me lo dice"
Un tipo entrañable.
Que podía venderme cualquier tipo de sustancia ilegal lo tenía yo muy claro en ese momento.
Lo que no podía imaginarme es que le gustaría ser bailarín y fusionar la danza clásica con el día a día.
¿Qué significa eso para un hombre que por la mañana vende fruta, por la tarde alquila pisos-adosados-bungalós y por la noche vende todo tipo de droga?
¿El baile del futuro?
En fin. Lo peor había pasado ya. Pagamos la segunda mitad del alquiler, se largó y ahí empezaron realmente las vacaciones.
El primer día de playa no estuvo del todo mal, pero pecamos del síndrome “necesito una playa que llevo doce horas en coche” y fuimos a la primera que encontramos.
También probamos un día la famosa playa de Caños de Meca, bautizada como Ciudad Vagina.
Y como era domingo, tuvimos que posponer para el día siguiente la siempre emocionante primera visita el Erosky del pueblo, por lo que compramos el botellín en Alimentación Paki.
Y para casa.
Cenamos embutido, empanada y un bollo de bacon y queso del horno propio de Paki que a las diez de la mañana, recién salido, tiene que ser una delicatessen, pero que a las diez de la noche es poco menos que una piedra con tropezones.
Media docena de copas después (Tanqueray, JB, Brugal y cervecita era nuestro menú degustación) salimos a inspeccionar a fondo Conil.
Desfile de modelos. Creo que fueron tres las veces que les di las gracias a unas chicas por entrar a tomar una copa al mismo disco jardín que yo.
Luego descubrimos el Ícaro, la discoteca del pueblo. La original. La única. Y cuando ya no se podía ni respirar por la acumulación de torsos sudorosos que vibraban a ritmo de Peret, volvimos a casa.
Por cierto, para evitar que los más pequeños de la casa imiten a sus ídolos, voy a obviar como nos las apañábamos para ir y venir del pueblo. Lo dejo a vuestra imaginación.
Así pasó nuestra primera jornada por los mares del sur.
Si se me ha olvidado algo es porque no lo he recordado.


¿Cómo es posible llegar el Erosky a las doce del mediodía y tardar una hora y tres cuartos en salir?
Muy fácil. Imagínate un supermercado para treinta mil habitantes que acaban de llegar a pasar sus vacaciones. Es lunes.
Y ahora imagínate que solo hay cuatro o cinco carros.
A lo largo de mi vida he visto a gente matar a sus semejantes por infinidad de razones (no olvidéis que estuve en Saigón), pero nunca pensé que yo mismo podría matar a alguien por un puto carrito de supermercado.
De los ciento cinco minutos que pasamos en el supermercado, más de la mitad del tiempo lo empleamos en diseñar una estrategia, dividirnos por las tres plantas (tócate los cojones) del parking y asaltar al primer hijoputa blanco con un carrito de la compra, a ser posible de la tercera edad y preferiblemente hembra.
Como no teníamos un boli, apuntamos la compra en un eme eme ese de esos del teléfono.
Modernísimo, la lista de la compra en un trozo de papel cualesquiera está demodé.
En el cine, los espías sincronizan sus relojes. Nosotros nos mandamos un SMS con la cesta de la compra. Viviendo al límite.
En el súper empezaron los típicos roces entre colegas con los que tienes confianza. Dónde si no, malditos supermercados!!!
-¿Cómo puedes gastarte tres mil pelas en anacardos, Bill?
-Pues yo la bebo desnatada, John- y demás clichés.
Ciento cuarenta euros después ya habíamos resuelto el asunto.

2 Comments:

Anonymous Anónimo said...

no te queda nada huevu.este solo es el comienzo

11:19 a. m.

 
Blogger Doc oc said...

A mi tovia no se me paso lo del supermercao creo que nunca lo olvidare

12:58 p. m.

 

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