viernes, marzo 24, 2006

Él


Hola chavales. Esto es lo que la prensa dice de Rufus Wainwright, mozo del que os teneis que enchufar su "Want one" y Want two":
Want one:
Hay que tenerlos bien puestos para atreverse y grabar una maravilla como “Want One”. Sobre todo después de dos excelente discos como “Rufus Wainwright” y “Poses”, donde la mesura y la contención sonora eran dos de sus grandes señas de identidad. Quizás Wainwright, cansado de eso y queriendo dar un giro de ciento ochenta grados, ha apostado por una obra arriesgada, con una producción preciosista y barroca –a cargo de Marius deVries, conocido por sus trabajos con Björk, Bowie o en la banda sonora de “Moulin Rouge”-, que no todos comprenderán.Capaz de aunar un montón de referentes –desde el jazz y el ragtime, a los musicales de Broadway y las bandas sonoras; de Phil Spector y Todd Rundgren a Brian Wilson-, “Want One” es la mejor obra del autor que nos ocupa, una perfecta mezcla de orquestaciones épicas –queda para la historia la inclusión de pasajes del Bolero de Ravel en la fantástica “Oh What A World”-, y momentos íntimos de increíble calado emocional –“Vibrate” o ”Natasha”-, que ayudan a amplificar de forma perfecta, la sobrenatural capacidad vocal de Wainwright –realmente estremecedora- y la alta calidad literaria de sus textos. No se equivocaron Lenny Waronker –productor ejecutivo de sus tres discos- y Van Dyke Parks cuando le descubrieron a finales de los noventa. El firmante de “Want One” les ha devuelto la confianza con uno de los álbumes más emocionantes, personales y visionarios de los últimos años. Un clásico moderno que tendrá que aguardar poco para su continuación, ya que el artista de Nueva York ya prepara su secuela, “Want Two”, prevista para este año.

Want two:
Rufus Wainwright está de moda y es cool, pero no es para todos los públicos. Sus excesos operísticos, sus gorgoritos, pueden ser mal digeridos y alejar a los poco propensos a aceptar lo poco convencional, por no hablar de su romanticismo rematadamente gay.“Want Two” no deja de ser más que la segunda entrega de su disco anterior y con el que debería haber forjado una unidad, pero intereses ajenos al acto creativo decidió dividir en dos. Por eso, si eres de los que sabes de “Want One” y te gusta rematadamente, no durarás ni un segundo en disfrutar de su continuación. El universo es el mismo: sensibilidad servida a base de litros de perfume con una fragancia que ha cautivado a grandes reinonas como Elton John y en la que Antony tiene su pequeño papel (canta junto con Rufus en ese sofisticado calypso que es “Old Whore´s Diet”), pero que debería contener más gemas pop de la altura de “The One You Love” (todo un clásico), para haber fulminado de un plumazo mi natural resistencia a los excesos orquestales, clásicos u operísticos. Y es que Rufus Wainwright es imposible de contener y esa es su magia, pero también el principal impedimento para que sea pasto de las mayorías. Mejor así. Lo disfrutaremos unos cuantos, aunque en mi caso, de forma dosificada. Tanta emoción me da vértigo pero tengo que encontrar el momento y lugar adecuado, de lo contrario bostezo.