Diario de rodaje. Capítulo 2

Segunda parte de los diarios de producción de "Polvo de Hadas", saludos a los afectados!
DÍA UNO lunes- 10 septiembre
Buenos días tristeza. A las cinco de la mañana se madruga tanto que la gente te da las buenas noches, y eso me preocupa. Mi vida entraba en una especie de jet lag eterno, y, a cada paso que daba, no dejaba de preguntarme si el resto del equipo, el resto de compañeros, se encontraban igual (de mal) que yo.
A las seis en punto de la ¿noche?, ¿madrugada?, ¿mañana?, el súper Xsara me recogía frente a la plaza de toros, idílico emplazamiento para esperar por alguien.
En el interior del confortable vehículo, Helena, al volante, y Lucas, al teléfono. No recuerdo si en el primer viaje Adri ya iba con nosotros, creo que no, pero no me hagáis mucho caso, pues el tiempo pasa inexorablemente, ha llovido mucho desde entonces (es una frase hecha, la sequía es cada vez más peligrosa y más seca, mucho más seca) y mis recuerdos se mezclan de manera estúpida, con lo que eso conlleva.
Me metí en el coche como buenamente pude (todos sabemos que cuando dormimos el cerebro se vuelve líquido y a medida que vas despertando va solidificándose, ¿verdad? Pues el mío estaba todavía en estado semisólido) e inserté en el cd del coche el ídem de Franz Ferdinand, álbum que, por cierto, se convertiría en el portador del himno del rodaje, “This fire”
A eso de las 6:35, paradita en la gasolinera de Torrelaguna (grandes restaurantes, pregunten por Teófilo.)
(Si, en serio, que no es broma. Que todavía hay gente que se llama así)
… para comprar gasolina y hielo, explosiva combinación si le añades un poquito de jerez.
Nada más llegar, nos encontramos con una criatura que guardaba el bosque, nos encontramos con Héctor.
Él era nuestro vigilante, el hombre que velaba por nuestro set.
Intercambiamos unas palabras y luego, sin gana ninguna, montamos una verdadera mierda de carpa que parecía sacada de los bosques de Sherwood o como quiera que se llame el jodido lugar que controlaba el puto Robín de los bosques. Como pesaba la hija de puta. El mecanismo era sencillo, pero se necesitaba la colaboración de hasta cuatro personas, con lo incómodo que es estar con cuatro personas desconocidas a la vez. (Si dos son compañía..)
Una vez colocamos carpa y preparamos desayunos para el resto de compañeros (es que odio el término “colega”, es por eso que lo veréis muy poco por aquí), poco quedaba por hacer.
Ah si, es verdad, se me olvidaba. Había que rodar el corto.
No quiero perder el tiempo aquí en explicar como se rueda un corto. Una treintena de personas se mata a currar y a hacer de niñera durante veinte horas y luego un tío o dos llegan y dicen acción, luego dicen corten y ya está.
A eso de las 09:00 se tiró el primer plano. Acabamos a las 20:45.
¿Por qué llegué a casa a las dos de la mañana?

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