jueves, marzo 30, 2006

Diario de rodaje


Aprovechando las circunstancias, publicaré por entregas el diario del rodaje de "Polvo de hadas" que redacté como regalo para los directores.
Son seis capítulos y empieza asín...
(EN LA FOTO, TRES DE LOS NIÑOS PROTAGONISTAS DEL CORTO Y UN TÍO DE UNOS 28 QUE ESTÁ MUY BUENO Y SOLTERO Y DA LA CASUALIDAD DE QUE SOY YO.)

Intentaré detallar, de la manera más breve posible, las anécdotas que mi dañado cerebro guarda sobre el rodaje del corto “Polvo de hadas”. (Se titulaba así, ¿verdad?)
Lo cierto es que no esperaba encontrarme con un acto de presentación ni nada parecido, pero debo decir que aprovechar el cumpleaños de Lucas para semejante acontecimiento me parece una idea cojonuda, ya que a los cumpleaños de los directores no fui invitado.
Nerviosismo e incertidumbre se apoderan de mí al pensar que esta es la primera crónica ajena a lo astur que escribo. Ruego que me disculpéis si en algún momento no se me entiende o tartamudeo, es por la presión. Espero estar a la altura…

DIA ZERO domingo – 9 septiembre:
Ese día no empezó muy bien. Yo llegué a Chamartín a eso de las 10:22, y esperaba encontrarme allí con uno de los dos directores. Concretamente, con el que lleva mangas en las camisetas. Con Paco, vamos.
Cual fue mi sorpresa al comprobar que el bueno de Paco llegaría pasadas las 12:30 y que yo estaría a la espera con una mujer (semi) desconocida y, que para más INRI, era de producción.
Añadámosle a la combinación el que yo estaba de doblete y obtendremos una mañana espléndida y llena de energía, todos en sus puestos, preparados, listos, ya!!
Y llegó Paco, y recogimos la furgo que habíamos alquilado, y tardamos mucho rato en salir porque no encontrábamos el freno de mano.
– ¡No tiene!-, exclamó Paco convencido, mientras Susana se hacía con los mandos y yo me descojonaba en el asiento de atrás.
Esa fue la primera de las muchas carcajadas que solté durante la semana.
Veinticinco minutos después de subirnos a la furgoneta, arrancamos rumbo a casa de Helena, que nos dio una cama (en el sentido literal. Quiero decir que nos dio una cama para que la transportáramos, no que nos ofreciese un lugar donde descansar, algo que, por aquel entonces yo necesitaba más que nada en Madrid, en el mundo. Después de cargar bien cargada la camioneta azul, y de conocer brevemente al hermano de Helena, partimos rumbo a lo desconocido (por mi parte)
Antes hicimos un par de paradas para comprar lo típico que compras cuando ruedas un corto; esto es cuerda, piquetas y demás utensilios de acampada. Que miedo me daba…
A eso de las quince horas llegamos a lo desconocido, que se llamaba Patones (de abajo)
Allí, a los máximos responsables de la pequeña película (corto) no se les ocurrió nada mejor que “ordenarme” segar el campo. Así, sin miramientos, directos a la yugular.
Tras unos buenos minutos bajo el sol, como si fuera o fuese un preso más a orillas del Mississipí, picaba piedra (sin mono naranja, gracias a Dios) y entonaba populares tonadas de esas que cantan los hombres y mujeres que son negros.
Eso si, después llegó el rancho, y para reponer fuerzas de todos es sabido que no hay nada mejor que dos rebanadas de pan de Bimbo con una loncha de queso dentro. Delicioso.
Ahí es donde te das cuenta de quien es el director. Es, básicamente, el que no pica piedra y come dos bocadillos de jamón serrano.
Hablando de bocadillos. Después de comer, las chicas se encargaron de “dar de comer a Héctor”. Y hablando de chicas, no puede olvidárseme hablar de las incansables chicas de arte, las arty girls, que hicieron de Patones (de arriba) su tercera casa.
La segunda era la productora temporal de Puerta de Toledo.
¿La primera?, creo que ni siquiera ellas se acuerdan.
¿Darle de comer a Héctor? ¿Tenemos un cancerbero en el jardín? ¿Figura en la (inexistente, doy fe) nómina de Terrablanca algún tipo de animal al que debamos darle de comer?
Oh Dios, que miedo tenía. Mis gritos de pánico se escucharon más allá de Patones (de abajo y de arriba. De sendos Patones. Por cierto, en Asturias, patones quiere decir big legs, asín aprendéis idiomas, que está muy bien)A las seis de la tarde teníamos previsto llegar a Madrid, así que a eso de la medianoche, llegamos a la capital dispuestos a dormir cuatro horas y pegarnos el primero de una serie de aterradores (pero muy divertidos y encantadores) madrugones…